La Intercesión Profética (RevivalCamp PR)

Taller de Intercesión Profética

Bendiciones. Esta enseñanza está dirigida a intercesores. Si eres un ministro de alabanza y adoración o un ministro en la danza, estos principios los puedes aplicar a tu ministerio. Lo que cambia es la forma en cómo intercedes, unos interceden con palabras, otros con canciones y otros con pasos de danza (acciones). No importa a lo que Dios te haya llamado hacer puedes ser intercesor del Reno de Dios utilizando tu instrumento (el cántico, la danza, la música, etc.).

 Introducción:

 Ezequiel 22:30 “Busqué entre ellos alguno que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyera, pero no lo hallé.”

Dios anda buscando verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23). La base de una adoración sincera está en conocer al Dios que adoras y cómo le gusta que le adoren. Esto se logra mediante la comunión. La oración es la manera en que hablamos con nuestro Dios y uno de los medios con el cual alimentas tu comunión con él. Una oración ferviente te llevara a orar por otros y a interceder.

Existen varios conceptos que debemos clarificar, el primero es que confundimos relación con comunión. La Relación es un vínculo, tiene que ver con el status entre dos o más personas (amigo, hijo, padre, esposo, etc.). Tiene que ver con la legalidad que te liga o te ata a una persona, también tiene que ver en cómo nos proyectamos o presentamos delante de alguien. Finalmente relación tiene que ver con responsabilidad, deberes y el rol de las personas que contraen esa unión o vinculo. Para los nacidos de nuevo nuestra relación con Dios ya fue establecida, somos hijos de Dios y eso no va a cambiar. Los padres terrenales se enojan con sus hijos y los hijos con sus padres y no por eso dejan de ser hijos y padres. Aquí la clave está en aceptar el sacrificio de Jesús.

1Juan 3.1 “Mirad cuan gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados HIJOS DE DIOS, y eso SOMOS.” Juan 1.12 “Pero a todos los que le recibieron, les  dio el derecho de llegar a ser HIJOS DE DIOS…”

Ahora, comunión es una relación estrecha, intima, de amistad profunda, de amor y de lealtad entre dos o más personas que solo se alcanza cuando se pasa tiempo junto. Dios nos llama a tener comunión con él, con el Espíritu Santo y con los santos. En la relación la clave es aceptar, aquí la clave está en estar alineados en un mismo espíritu con Dios, ser UNO con Dios. Esto conlleva santidad (apartarse), esto es, vivir por él y para él, vivir conforme a su voluntad. Nota que en Juan 17:21, Jesús ora y dice: “Padre que ellos sean UNO así como tú y yo somos uno.” Además Jesús nos dejó un evangelio, una fe, un bautismo y un mismo espíritu. La palabra describe la comunión como una amistad profunda, por medio de la cual Dios comparte sus más profundos secretos. “¿Andarán dos juntos si no estuvieran de acuerdo?” (Amos 3:3). Como intercesores debemos mantener una comunión con el Padre para que los secretos del reino nos sean revelados.

Otro concepto que debemos aclarar es que Dios habla de cualquier manera y en cualquier lugar. Dios estableció en su Palabra que la forma en que sus hijos y él se comunicarían seria mediante la oración. Dios se revela a las personas de múltiples maneras y el aparta lugares de encuentro con sus hijos, aun a pesar de su omnipresencia. Este principio de separación lo vemos desde el Génesis cuando Dios aparto el árbol de la ciencia del bien y del mal de entre todos los demás que el hombre podía comer, también en que entre toda la tierra el mismo creó un jardín en Edén donde él se paseaba con Adán “al fresco del día” (Gen.3:8). Otros ejemplos en la Palabra lo vemos cuando se habla de los montes de Dios (ej. Horeb), el tabernáculo de Moisés, el templo de Salomón, el tabernáculo de David, entre otros. Es importante que los intercesores conozcan este principio de separación (apartar, escoger, santificar, etc.) y comprendan que Dios les ha escogido, apartado para este ministerio de la oración intercesora, a pararse en la brecha a favor de otros.

Otro principio importante es que Dios escoge y capacita a los que quiere. El no llama únicamente a los capacitados, el capacita a los llamados. Dios ha establecido que la forma en que el obrará en la tierra será a través de sus hijos, de su iglesia. Dios no hará nada por su propia mano; El espera que su iglesia en la tierra se levante y ejecute su voluntad para que como es en los cielos sea hecho en la tierra. Romanos 8:19 declara: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” Dios mismo nos ha llamado a la intercesión, a una pasión profunda por ver su voluntad hecha en la tierra. ¿Dónde están los que dirán si acepto a este llamado?

El oído de Dios está presto para escuchar la oración de sus hijos. Isaías 59:1: “He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír.” La voluntad de Dios ya fue declarada en los cielos, ahora faltan hombres y mujeres que se paren en la brecha, que levanten un muro (vallado) y terminen la oración del cielo con un fuerte ¡SI AMEN!

1. La oración:

La base de la intercesión profética es la intercesión, y la base de la intercesión es la oración. Así que comenzaremos primero a sentar las bases de nuestro taller repasando algunos principios básicos referentes a la oración.

Orar es hablar con tu Padre celestial. Hay dos formas de saber cómo anda la vida espiritual de una persona: (1) adorando y (2) orando. Tu oración revela mucho de tu comunión con Dios. La oración modelo nos la enseño Jesús con el Padre Nuestro (Mt. 6:9-13). Se trata de abrir el corazón a Dios en tus propias palabras. No hay que hacer un poema ni decir frases escogidas que parecen que salen de una obra maestra de la literatura, se trata del corazón. Se natural, mantén la reverencia y el respeto, pues le estas orando a tu padre. Toda oración se dirige a Dios y se hace en el nombre de Jesús. No olvides que el Espíritu Santo es quien nos guía en nuestra oración.

Por último, hay tres principios básicos cuando te presentas ante Dios, y estos aplican en tu adoración y en tu oración. Son los tres pasos que te llevaran a la presencia de Dios. Estos principios son: (1) acciones de gracias, (2) alabanza y (3) adoración (Sal. 100:4 y Ap. 4). Estos son la escalera que te lleva al cielo.

2. La oración intercesora

Hay tres niveles de intensidad en la oración. Estos son: (1) pedir, (2) buscar (inquirir) y (3) llamar (reclamar promesas). Mateo 7:7-8 dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

La oración de intercesión es orar por otros. Un intercesor es uno que toma el lugar o suplica por el caso de otro. Es uno que se pone en la brecha (en el camino) a favor de otros. La oración intercesora la vemos descrita como:

  • Invocar el nombre del Señor (Génesis 12:8),
  • Clamar a Dios (clamar – Llamar la atención de alguien, gritar, con movimiento violento o apasionado.) (Salmos 27:7; 34:6),
  • Acercarse a Dios (Salmos 73:28; Hebreos 10:22),
  • Buscar a Dios (Salmos 5:3; 27:8),
  • Alzar el alma (Salmos 25:1),
  • Alzar el corazón (Lamentaciones 3:41),
  • Derramar el corazón (Salmos 62:8),
  • Derramar el alma (1 Samuel 1:15),
  • Pedir al Señor (Exodo 32:11),
  • Implorar (Job 8:5) (implorar – rogar),
  • Suplicar (Jeremías 36:7)

En resumen, podemos ver la oración intercesora como aquella que se hace a favor de alguien o de algo de forma violenta, intensa, apasionada y con fe. Es un clamor que se levanta en la tierra para que el cielo se mueva a favor de aquellos o aquello por lo que se pide.

El intercesor debe conocer los principios de la oración, debe conocer cómo opera el reino de Dios y bien importante, estar alineado a la voluntad de Dios. También debe conocer cómo opera el mundo de las tinieblas para poder contrarrestar las obras del enemigo, quien tratara de impedir que tu oración llegue al cielo y creará resistencia para que desistas. Es hora que los intercesores se levanten en la tierra con una voz fuerte, como de trompeta, que se paren en la brecha a proclamar lo que en el cielo se ha dicho. Vamos, anunciadores de Sion.

3. El intercesor

Todo aquel que se para en la brecha a favor de alguien o de algo se convierte en intercesor. Nuestro intercesor modelo es Jesús, quien intercede por nosotros delante de nuestro Padre (Rom. 8:34). La palabra también declara en 1 Juan 2:1 que: “…abogado tenemos para con el Padre, a Cristo Jesús, el justo.”

Un intercesor puede compararse a un águila volando. En Apocalipsis 4 encontramos cuatro seres vivientes que su aspecto era semejante a (1) becerro, (2) león, (3) águila y (4) hombre. Estos cuatro seres nos presentan cuatro aspectos de la adoración y la intercesión. Podemos ver al intercesor reflejado en el león y en el águila. El león nos habla de realeza, de poderío, fuerza. Su rugido es fuerte, por eso le llaman el rey de la serba. El águila tiene visión aguda y se remonta a las alturas aun por encima de las tormentas. El águila utiliza el viento a su favor para remontar su vuelo y planear. El león tipifica la alabanza de exaltación y de guerra donde el verdadero León de la tribu de Judá se levanta para rugir. Amós 3:8 declara: “Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?” De otra parte el águila nos habla de la adoración e intercesión profética. Isaías 40:31 dice: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

3.1 – Alabanza y adoración – oración e intercesión las dos alas de un águila

Todo aquel a quien Dios llama a la intercesión debe saber que hay un vínculo profundo entre la oración y la alabanza, la adoración y la intercesión. Un intercesor es un adorador por naturaleza. Un adorador intercesor sabe que toda oración te llevara a reconocer quien es su Dios y cuáles son los atributos que llaman su atención. En la dinámica de la oración siempre estará presente la alabanza, que como sabemos, no es otra cosa que exaltar los atributos de Dios. Por otra parte, luego de alabar comenzaras a experimentar la presencia de Dios. Es allí en su presencia donde tienes audiencia privada con el Rey y entonces comienza tu intercesión.

Momentos de adoración profunda provocan que la presencia de Dios se manifieste y que tu corazón comience a declarar a favor del propósito de Dios para tu vida, para tu casa, para tu nación. También hay liberación, sanidad y plenitud en su presencia. El balance entre estas dos hará que te eleves a las alturas. Somos llamados a ser águilas.

3.2 – Estacas y cuerdas:

Isaías 54:2 declara: “Ensancha el lugar de tu tienda, extiende las cortinas de tus moradas, no escatimes; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas.”

Tu instrumento principal para la intercesión será tu voz. Tus cuerdas vocales son las que permiten crear los sonidos que salen por tu boca. Dios te dice: “alarga tus cuerdas vocales” para que declaren, para que oren, para que intercedan, para que profeticen. Afina tus cuerdas al sonido del cielo. Eres un radio que debe estar en la sintonía correcta. Por otra parte, tus rodillas te serán como estaca plantada en la tierra de donde te sostendrás. Los intercesores son como estacas pues todo lo que hacen lo hacen en lo secreto. Lo bello de un adorador intercesor es que sabe ascender a los cielos en adoración y luego descender a la tierra en intercesión con el plan de Dios en sus labios y todo esto de rodillas ante el Padre. De pie pueden tumbarte y caer, pero de rodillas será muy difícil. Los intercesores son como las estacas que soportaban el cortinaje que rodeaba el atrio del tabernáculo de Moisés.

4. Intercesión profética:

La intercesión profética no es otra cosa que incluir lo profético en la intercesión. En la intercesión profética ya no pedimos por nuestros planes y propósitos, sino por los planes y propósitos de Dios (sobre una familia, sobre una congregación, una nación, etc.). Ya no solo oramos intensamente por lo que queremos ver sino que ahora oramos para que Dios nos revele lo que él quiere y luego rompemos en intercesión que provoque la visión de Dios. Es indispensable que un intercesor profético de oficio conozca LA PALABRA y fluya en el don profético.

Por ejemplo, Dios tiene planes para Puerto Rico, y se necesita que todas las esferas de gobierno, las leyes, el pueblo y la iglesia estén alineadas a eso que Dios quiere hacer. Así que nosotros levantamos oración para que los tribunales se alinean a la Palabra que es la ley de Dios, por la legislatura para que personas justas lleguen a ella, por la educación para que no se aprueben currículos que dañen nuestra niñez, por los maestros para que den amablemente el pan de la enseñanza y por todas las esferas de poder para que reconozcan que Jesucristo es el Señor y tornen su mirada al Padre. Los intercesores proféticos no esperan, estos provocan que eso ocurra. Clamamos para que Puerto Rico torne su mirada al Padre y se humille.

5. Que es movimiento profético

Cuando se habla de “lo profético” se habla de los diseños, sueños y visiones de Dios revelados a través de su palabra a aquellos que lo buscan. A Dios le ha placido hablar a través de sus siervos los profetas. La palabra declara que Dios no hará nada sin antes revelárselo a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Pero no todos son profetas. Pues eso es lo sobrenatural del asunto, no tienes que ser profeta para fluir en lo profético.

Lo profético es declarar la palabra de Dios. No hay mayor profecía que la Biblia. Lo que necesitas es buscar que Dios te revele sus diseños, la palabra. En Números 11:29 encontramos un evento muy peculiar donde Moisés mismo exclama: “…Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.” Esta narrativa se da dentro del contexto del Antiguo Pacto donde el Espíritu Santo no estaba en funciones operacionales dentro de las personas y solo hablaban de parte de Dios aquellos que eran ungidos o escogidos como profetas. Vemos que Moisés manda a llamar ancianos del pueblo por quienes oró e impartió a ellos la unción profética. Dos de ellos no llegaron a tiempo y estaban todavía en medio del pueblo en el campamento y al Moisés terminar su oración, a la distancia, fueron tomados por el Espíritu Santo y comenzaron a profetizar. Aquí vemos el deseo de Dios de que la unción profética esté en medio de su pueblo libremente y se pueda manifestar su poder trayendo palabra por medio de las personas. Cuando la iglesia no está en lo profético se encuentra enajenada al mover de Dios para este tiempo.

Lo profético viene como resultado de la manifestación del Espíritu Santo. Podemos ver tres niveles en lo profético. Estos son: (1) el espíritu de profecía, (2) el don de profecía y (3) el oficio del profeta. Los primeros dos los entrega el Espíritu Santo por medio de sus dones, el tercero es un don de Jesucristo.

5.1 – Espíritu de profecía, el don de profecía y el oficio del profeta

El espíritu de profecía es una manifestación del Espíritu Santo en medio de la iglesia. Todo creyente que tenga el Espíritu Santo es apto para esta manifestación. Esto es un manto de unción que es dado en ciertas ocasiones que provoca que el creyente profetice la palabra de Dios (Ap. 19:10 – el testimonio de Jesús). No es un don u oficio y se da en medio de una atmosfera conducente, bien sea en un servicio en medio de la adoración y la alabanza, en tiempos de intercesión profunda o cuando se está acompañado de profetas.

El don de profecía es uno de los dones del Espíritu el cual debemos todos anhelar tener. En 1 Corintios 14:1 se exhorta: “Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis.” Esto es un poder sobrenatural dado por el Espíritu Santo al creyente para profetizar la palabra de Dios. Es una capacidad que reside en la persona y no depende de la atmosfera, el momento o el lugar. Este don opera para edificación, exhortación y consolación del cuerpo de Cristo (1 Cor. 14).

Finalmente tenemos el oficio del profeta. Efesios 4 explica que cuando Jesús murió descendió a las profundidades de la tierra para dar testimonio de la palabra y tomar a los santos que allí aguardaban, luego ascendió y repartió dones a los hombres. Los versos 11-13 dicen: “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”

El oficio de profeta es una función de gobierno dentro de la iglesia de Jesucristo y viene a traer una esfera de autoridad espiritual que no se encuentra en las otras manifestaciones proféticas. El profeta es una persona ungida y ordenada para ejercer este ministerio. Un intercesor profético no necesariamente tiene que ser profeta pero si debe anhelar el don de profecía por medio del cual hará descender los diseños del cielo a la tierra.

6. Principios espirituales en la intercesión

Dios está comprometido con sus principios y diseños establecidos en su Palabra. Toda intercesión profética está regida por la palabra. Debemos ser buenos mayordomos de lo que Dios nos entrega. 1 Corintios 4:1 dice: “Que todo hombre nos considere como servidores de Cristo y mayordomos de los misterios de Dios.”

6.1 – El poder del acuerdo

Mateo 18:20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Este principio es sencillo y no requiere de mucha explicación: operamos bajo el poder del acuerdo. Este principio aplica en todas las áreas de nuestra vida ministerial y personal.

6.2 – Orden

La intercesión, como todo en la iglesia, debe darse en el marco del orden espiritual que Dios establece en su palabra, igual como operan los dones. 1Corintios 14:40 nos enseña: “Pero hágase todo decentemente y con orden.” Un intercesor profético es movido por el Espíritu Santo, y como sabemos, Dios es un Dios de orden.

Todas las intercesiones no son iguales y no todo el que es intercesor se tiene que proyectar de la misma manera y utilizar las mismas herramientas. Dios le da a cada persona conforme al Espíritu Santo le place. Unos interceden a voz en cuello, otros en el gemir de su espíritu, a unos Dios les ha entregado las danzas, a unos los instrumentos musicales y a otros las canciones. Cualquiera que sea tu herramienta debes utilizarla bien. De igual manera a unos Dios los llama a interceder por temas específicos. Hay quienes Dios pone en ellos una pasión vehemente por las naciones de la tierra, otros por la sanidad y liberaciones, otros por el avivamiento y a otros por la iglesia de Jesucristo. No importa de qué manera y a qué tema Dios te mueva a interceder lo que sí sabemos es que siempre sus principios estarán presentes. Dios respalda sus principios.

6.3 – Tiempo, lugar y unción

Bien sabemos que todo debajo del sol tiene su tiempo y su hora, y que tiempo y ocasión les da Dios a todos. Esto nos habla del tiempo oportuno de Dios o “Kairos”. Este tiempo es un tiempo eternal, no depende del tiempo cronológico del hombre. En este principio el intercesor debe saber que, como todo ministro, es llamado al servicio de Dios en todo momento; pero dentro del marco congregacional es importante saber que hay un orden que debemos seguir. Dios es quien te posiciona en un tiempo oportuno, en el lugar correcto y bajo la unción (cobertura, autoridad) correcta. Así que el principio es este: Si no te llaman a hacer algo, no lo hagas aunque creas que es lo correcto, espera en el tiempo correcto. Es impropio irrumpir en un altar a interceder frente a la congregación sin que te hayan dado la autoridad para hacerlo. Puede que Dios y el Espíritu Santo te estén moviendo a interceder por algo pero mientras no te den la autoridad para hacerlo mantente intercediendo en tu lugar, siempre alerta. Recuerda las estacas, hay parte de ella que no se ve, pasa por desapercibida, no llama la atención. Lo que es de Dios prevalece.

Hay principios que no se deben quebrantar y este es uno de esos. Hay dos ejemplos que ilustran muy bien este principio: El profeta Josué y el rey profeta David. Josué fue llamado desde su juventud a servir al profeta Moisés. Este era un varón de guerra, hombre de confianza, lleno de Dios y apartado para ser el próximo gran líder de Israel. Josué sirvió a Moisés hasta el momento de su muerte. Él sabía que el ungido de Dios y llamado a ejercer la función en ese momento todavía era Moisés, “el viejo de la vara”. El manto profético lo llevaba Moisés. El otro ejemplo lo vemos en David. Llamado y ungido para ser rey de Israel sabía que el rey ungido todavía era Saúl. Aunque lejos de la presencia de Dios, Saúl tenía el manto y David no podía ir contra el ungido de Jehová. Ahora bien, algo muy diferente es si el ungido (el que este dirigiendo) te da el permiso para pararte al frente a interceder y te cede el lugar. Recuerda siempre este principio y todo lo que hagas lo harás en obediencia.

6.4 – El rol del Espíritu Santo

Toda intercesión es guiada por el Espíritu Santo. Él es quien nos ayuda a interceder delante del Padre. Romanos 8:26-28 dice: “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.” Revelado por el Espíritu, aquí podemos ver la Trinidad trabajando cuando los santos interceden ante el Padre. Primero el Espíritu Santo nos ayuda a interceder y nos presenta ante Jesucristo, quien a su vez intercede por nosotros delante del Padre y el Padre aprueba nuestras suplicas.

En 1 Corintios 2:10 dice: Pero a nosotros Dios nos las reveló por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las cosas profundas de Dios.” Aquí vemos que el Espíritu Santo es el que conoce lo profundo de Dios y sus pensamientos. Sin el Espíritu Santo nuestra intercesión no sería igual. Él es quien nos da el poder y la revelación para interceder proféticamente y establecer los decretos del cielo en la tierra.

6.5 – Atar y desatar

Mateo 16:18-19 declara: “… y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

No existe mayor poder sobre la tierra que la iglesia de Jesucristo unida. Dios nos ha dado el poder de usar la llave de David (Ap. 3:7), la que abre y nadie cierra y la que cierra y nadie abre. Esta llave es la alabanza, la adoración, la intercesión y los decretos proféticos. ¿Recuerdas las dos alas de una misma águila? Esas mismas alas se convierten en una llave poderosa en el mundo espiritual para la edificación de los santos. Esa llave nos da el poder de atar y desatar. Como intercesores del reino de los cielos debemos entender que primero se ata al hombre fuerte, al gigante, a los espíritus de las tinieblas, a todo espíritu contrario que está provocando el estado actual y luego podemos desatar la bendición de Dios y el propósito del cielo. No podemos desatar algo nuevo sin antes atar lo viejo. Este principio opera con el siguiente principio de destruir y luego edificar.

6.6 – Arrancar, destruir, arruinar, derribar, edificar y plantar

Imagina que eres un constructor. Tienes un plano con el diseño del edificio y tienes unos trabajadores diestros que te ayudaran a construir (edificar) lo que está en el plano. Imagina que pasara si uno de ellos comienza a poner bloques y detrás de él viene otro y comienza a quitar los bloques. ¿Qué pasaría? Seguro que nunca edificaran nada. Lo mismo pasa en lo espiritual durante la intercesión. Debemos todos remar hacia una misma dirección.

En Jeremías 1:10 Dios nos entrega este principio, uno de los más importantes en el mover de la intercesión y guerra espiritual: arrancar, destruir, arruinar, derribar, edificar y plantar. Primero se tiene que destruir lo que impera en el mundo espiritual para luego poder establecer algo nuevo, lo del reino de Dios. No podemos construir sobre un lugar habitado, primero debemos desalojar y echar fuera los moradores ilegales presentes para construir lo nuevo. Cuando se intercede en equipo, los miembros del equipo deben conocer este principio para que con sus intercesiones no operen en contra de lo que se estableció antes.

7. Guerra espiritual

Estamos en un tiempo de expansión del reino y por lo tanto es tiempo de confrontación con el enemigo. Existe una grandiosa herencia que Dios tiene para cada uno de sus hijos a la que nos está llamando a entrar. El tiempo para guerrear por nuestra herencia es ahora.

Guerrear involucra tener una posición, vencer una amenaza, invadir un territorio o conquistar a un enemigo. El mero hecho de alabar a Dios, y no al enemigo, eso ya es un hecho de confrontación. Por otra parte cuando una persona sale de la corriente del mundo y comienza a reclamar promesas espirituales y naturales, las cuales el enemigo ha interferido ilegalmente, eso se convierte en confrontación y en guerra espiritual. Como intercesores, debemos estar enterados que estamos en medio de una confrontación, una lucha de poderes espirituales y que estamos del lado del que ya venció, del que ya conquistó, del que ya triunfó, JESUCRISTO. Nos toca reclamar la herencia. Por eso la alabanza y la adoración, la oración y la intercesión son las dos alas de una misma águila, utilízalas y remóntate a las alturas. Esto provocará que comiences a hablar como Dios habla, a decir lo que Dios dice, y eso es profetizar.

En el primer lugar en que encontramos a Dios comenzando a movilizar sus tropas para avanzar a tomar la herencia es Éxodo 6:26. El tabernáculo de Moisés, que era sombra de las cosas por venir, estaba rodeado por las tribus y sus ejércitos. Las tribus del este y del sur acampaban primero. Judá era la tribu líder (Núm. 2: 3, 9) para conquistar las ciudades para Dios. Él envía a la tribu de Judá delante. Judá significa alabanza, tú y yo somos Judá (cachorro de león). Somos intercesores guerreros que conocen que las armas espirituales de nuestra milicia son poderosas para la destrucción de fortalezas. Somos los que ascendemos a los cielos con alabanza y descendemos a la tierra con adoración e intercesión profética, con decretos revelados por Dios para ser establecidos en la tierra.

Judá va primero para arar la tierra improductiva y preparará el camino para que la buena semilla de la palabra sea plantada. La tierra sin cultivar se abrirá (Oseas 10:11 “…arará Judá, quebrara sus terrones Jacob.”). La alabanza va delante, abriendo el camino y conquistando (2 Crónicas 20:20-22), puesto que lo que se decreta en los aires, en los cielos, sucede en la tierra. La alabanza hace que la presencia del Señor venga en medio de nosotros, pues El habita en medio de la alabanza de su pueblo (Salmo 22:3). Jesús, el Cordero y León (el guerrero poderoso), nos llama a salir de nuestra complacencia para convertirnos en soldados de la cruz.

Un claro ejemplo sobre la intercesión y la guerra espiritual lo vemos en Éxodo 17:8-12 donde encontramos al pueblo de Israel en medio del desierto luchando contra los amalecitas (Amalec significa habitantes del desierto). En ese momento Moisés sube a un monte con la vara de Dios en su mano y comienza a interceder a favor del pueblo. La estrategia de Moisés fue levantar sus manos y mientras esto ocurría Israel prevalecía, pero cuando bajaba las manos los de Amalec prevalecían. Finalmente sus manos se cansaron y Aarón y Hur lo sientan sobre una piedra y le levantan las manos. Esto provoco que Israel ganara la batalla. Dios te llama a la intercesión de guerra.

Decreto final:

Declaro en el nombre de Jesús que la palabra de verdad será puesta en tus labios para interceder a favor de los tuyos y a favor del pueblo de Dios. Nada te hará frente. Declaro la mente de Cristo. Sabiduría del cielo para la intercesión. El Espíritu Santo será tu guía en medio de tiempos de intercesión profunda. Veras la mano de Dios obrando a tu favor. Te maravillaras de lo que veras. Declaro la actitud correcta para hacer lo que Dios ha puesto en tus manos hacer. Un manto de autoridad celestial es puesto sobre tu vida ahora. Un manto que transforma tu manera de interceder, tu manera de orar, tu manera de ver las cosas. Se activan los sentidos espirituales y se activa el don profético sobre tu vida. Dios afina tus oídos para escuchar el sonido del cielo. En el nombre de Jesús… ¡AMEN!

 

Roy Ruiz Vélez

4-5 de septiembre de 2015

RevivalCamp – Ponce, Puerto Rico

(1581)

About Roy Ruiz

Soy un joven pastor llamado al ministerio desde mi niñez. Soy hijo, esposo, padre y amigo, también soy músico, ministro, pastor y profeta. Prometo llevarte de la mano para que juntos entremos en el proceso de ser adoración y llevar la adoración a todas partes de nuestra vida cotidiana. Hashtag para el Alma es un espacio que viene a resaltar comentarios importantes para tu vida. Nos puedes seguir por twitter por @paraelalma7.
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